martes, 11 de enero de 2022

HENRI DE TOULOUSSE LAUTREC






+                                         Henri de Toulouse-Lautrec

























Nació en el seno de una familia aristocrática y tuvo una infancia y una adolescencia felices, dedicadas en buena medida a la práctica del deporte. En la actividad lúdica sufrió dos caídas graves que le atrofiaron los miembros inferiores y le impidieron alcanzar una estatura normal. Medía aproximadamente metro y medio de estatura y tenía una cabeza desproporcionadamente grande, lo cual le daba un aspecto deforme. Pero llevó su condición física con estoicismo y su deformidad no le impidió relacionarse y mantener una vida social normal. 

Comenzó a dibujar en la infancia y posteriormente se formó en academias como las de Léon Bonnat y Fernand Cormon, donde conoció a Émile Bernard, Louis Anquetin y Vincent van Gogh, de quien hizo un excelente retrato (1887, Stedelijk Museum, Ámsterdam). En 1885 abrió un taller en Montmartre y desde entonces se dedicó a la creación pictórica, integrándose plenamente en el ambiente artístico parisino que en aquella época buscaba por diversos medios la superación del impresionismo. 

Toulouse-Lautrec se relacionó, entre otros creadores, con Vincent van GoghPierre Bonnard y Paul Gauguin, y de este último tomó algunos rasgos estilísticos, como el uso de los contornos pronunciados. Pero las obras que más influyeron en su peculiar estilo fueron las de Edgar Degas y las estampas japonesas ukiyo-e. Del grabado japonés tomó la liberación del color de toda función descriptiva, su extensión en amplias superficies y la línea sinuosa, mientras que de los maestros del impresionismo admiraba especialmente la captación de la realidad inmediata. 

Hombre muy responsable de su trabajo, Henri de Toulouse-Lautrec acudía puntualmente al taller o al estudio todas las mañanas, lo cual no le impidió llevar una vida disoluta en el ambiente bohemio de Montmartre, donde frecuentó cafés cantantes, teatros, prostíbulos y salas de baile. Estos ambientes constituyen, de hecho, lo más peculiar de su creación artística, en la que las bailarinas de cancán y los personajes de circo son los protagonistas más entrañables. 

Una de las primeras obras en las que se encuentra ya su propio estilo es La caballeriza del circo Fernando (1888, Art Institute, Chicago), en la que refleja el mundo del espectáculo. Los personajes del cuadro poco tienen que ver con la formación impresionista del artista, pues sus rasgos caricaturizados están más próximos al arte oriental.


Mercedes Tamara

11-01-2022

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